Las vidas malditas de la literatura (pos) yugoslava

Las vidas malditas de la literatura (pos) yugoslava

Las vidas malditas de la literatura (pos) yugoslava. Publicada en España la obra más reconocida del autor bosnio Bekim Sejranović, muerto en 2020, referente generacional del desarraigo posyugoslavo y de la escritura nómada.

El estribillo “Podríamos haber hecho de todo si el día hubiera sido más largo” resuena en la memoria de muchos exyugoslavos. La canción de Jadranka Stojaković fue compuesta en 1976, pero puso banda sonora a la desaparición de Yugoslavia y al drama personal que acompañó a una gran parte de la población.

Milan Mladenović fue una de las grandes figuras del rock yugoslavo. Murió a los 36 de un cáncer de páncreas, mientras la guerra en Croacia y Bosnia y Herzegovina se cobraba miles de muertos. Dušan “Koja” Kojić, miembro del grupo Šarlo akrobata, decía de él: “nadie puede convencerme de que lo que le pasó no tiene relación con el tiempo en el que vivió”.

El escritor sarajevita residente en Belgrado, Igor Štiks, autor de Un castillo en Romaña (2000) y La silla de Elías (2006), preguntado al respecto, sostiene que “cuando un autor muere joven, especialmente cuando es talentoso, nos queda la sensación de cuánto podía haber escrito y cuánto nos podía haber ayudado en la actualidad, es un sentimiento de pérdida”.

Menciona el caso de Danilo Kiš, gran literato de las letras yugoslavas, fallecido en el año 1989 a los 54 años, poco antes de la desmembración del Estado, como si su destino vital estuviera ligado con el país balcánico. Su militancia ideológica contra los nacionalismos convirtió su fallecimiento en símbolo, predestinación y fatalidad del pensamiento humanista yugoslavo. Štiks se pregunta qué hubiera hecho Kiš en aquellas circunstancias, teniendo una influencia tan importante en la generación más joven.

Tragedias

Aquí surgen dos nombres más. El primero es Karim Zaimović, autor de El secreto de la mermelada de frambuesa, y figura prometedora de la sociedad sarajevita, a través de su trabajo como periodista y contador de historias, muerto a los 24 años por el impacto de un mortero serbo-bosnio durante el asedio a Sarajevo. Y el otro es Milan Milišić, poeta, escritor, ensayista y traductor al serbo-croata de la obra de J. R. R. Tolkien, de Robert Frost o Harold Pinter. Murió en Dubrovnik, con 50 años, en los primeros días del asedio, debido a la detonación de una granada lanzada por el Ejército Popular Yugoslavo. Ambos nombres están asociados a la tragedia yugoslava, no solo por el presente trágico del fin de sus vidas, sino porque el futuro había dejado de existir.

Las vidas malditas de la literatura (pos) yugoslava
Cedida por la editorial La Caja Books

El año pasado se publicó en español De ningún lugar a ninguna parte (La Caja Books, trad. Patricia Pizarroso y Marc Casals). Su autor, Bekim Sejranović, es un referente de un territorio indeterminado, situado entre las arenas movedizas yugoslavas y el barro viscoso de la guerra, la diáspora y la eterna transición.

Nacido en Brčko (Bosnia y Herzegovina), sufrió la intemperie y la discriminación como refugiado en Rijeka (Croacia) y terminó marchándose a Noruega, donde trabajo de lo que pudo hasta llegar a la universidad, aprendió el idioma y desmitificó el dorado escandinavo, padeciendo oscuridad, desubicación, soledad, añoranza, segregación y marginalidad, solo aliviada por sus frecuentes viajes a “la región” (como comúnmente se le llama a la ex Yugoslavia).

Su relato autobiográfico ahonda en el desarraigo, como un espacio de no pertenencia donde la autodestrucción, los amoríos tóxicos, el abuso de las drogas y el alcohol y las mentiras desveladas parecen inmunes a cualquier brújula moral, pero inobjetables en un contexto, en lo familiar y en lo estructural, tan alienado como disfuncional.

Hay verdades tormentosas en cada uno de sus excesos, un desgarro interno que no cesa y, sin embargo, su antropología pesimista expresa un contagioso e inagotable vitalismo («Uno se acostumbra a todo, lo soporta todo, sobrevive a todo, lo supera todo, lo jode todo de una manera u otra y, gracias a Dios, al final se muere»).

Las vidas malditas de la literatura (pos) yugoslava
Cedida por la editorial La Caja Books. Foto: Dalibor Josipović

Generación mutilada

Esta crónica impudorosa conectó con toda una generación que pasó a la edad adulta demasiado rápido, en países nuevos y sin patria sentimental, compartimentados y encorsetados por los emprendedores étnicos («De pronto, te obligaban a posicionarte, a definirte, a etiquetarte, a justificarte, a responder a los llamamientos, a obedecer y a temer»).

La muerte prematura de Sejranović en 2020, con 48 años, en Banja Luka, cuando parecía recomponer su vida familiar, profesional y hasta geográfica, y cuando ya había adquirido reconocimiento en la literatura regional, fue una especie de eco que reverberaba el dolor de una «generación mutilada»: escritores soldados, como son los casos de Faruk Šehić o Feđa Štukan; escritores transnacionales y de frontera, como Saša Stanišić, Semezdin Mehmedinović, Aleksandar Hemon, Ismet Prcić, Lana Baštasić o Velibor Čolić, quien escribió “soy un inmigrante perdido entre dos manuscritos, entre dos calles, entre la lluvia y el buen tiempo”; pero también escritores sobre los que pesaba la maldición de su tiempo, como Biljana Jovanović, Dario Džamonija o el propio Sejranović, muertos demasiado pronto, demasiado jóvenes, con su último aliento expirado en una especie de existencialismo apátrida, con una bandera que ondeaba íntima y personal.

Božidar Stanišić (Visoko, 1956), novelista, poeta, escritor de radio-dramas, profesor de lengua y literatura serbo-croata, vivió en Maglaj (Bosnia y Herzegovina) hasta 1992, y desde entonces lo hace en Italia. La guerra le llevó a Zugliano, en los alrededores de Udine, donde padeció los avatares y precariedades del desplazamiento forzoso, pero también el reconocimiento como autor (I buchi neri di Sarajevo, Bon voyage, Il cane alato e altri racconti, La giraffa in sala d’attesa, La cena…).

Stanišić, preguntado por la maldición de su tiempo, recuerda también al gran escritor y amigo Ćamil Sijarić, quien perdió la vida en Sarajevo el mismo año que Kiš y que, en una poesía, poco tiempo antes de morir, presagiaba su propia muerte: “Porque veo que este otoño los escaramujos de Šipovica se enrojecerán para mí por última vez”.

El escritor serbo-bosnio alega que “si no fuera por todo eso: guerra, divisiones, transición, sin duda estaría escribiendo sobre otras cosas… escribo sobre todo lo que considero importante para crear una imagen de una época. Y no me quejo. Aunque vivir en otro país durante 33 años no sea normal. Pero digamos que sí lo es, y lo voy a decir: es normal. Todo con una sonrisa”.

 

Miguel Roán

 

 

 

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