El cambio de paradigma moral en los Balcanes

El cambio de paradigma moral en los Balcanes

El cambio de paradigma moral en los Balcanes. Los Balcanes evolucionan como lo hace el resto del mundo. La región no es la misma en 1991, 2008 o en la actualidad. Si a comienzo del siglo XXI primaba el discurso humanitario y la idea del multilateralismo, en 2026 los valores han cambiado y, como tal, también los intereses, alianzas y los mensajes.

Serbia-Kosovo

Desde la guerra de Ucrania, Serbia ha vuelto a ganarse el favor de la comunidad política occidental en detrimento de Kosovo, que, en los tiempos de su declaración de independencia (2008), recibía el apoyo diplomático de EE.UU. y de la mayoría de países miembros de la UE. La política de reciprocidad impulsada por el PM kosovar Albin Kurti se encontró con un escenario internacional que ahora prefiere la fuerza de Belgrado, contrario a imponer sanciones a Rusia, pero dispuesto a ayudar militar y financieramente a Ucrania.

Serbia está en posición de garantizar la estabilidad y la inestabilidad en la región, y Kosovo se ha convertido en un estado de segunda fila sin alianzas geopolíticas significativas y que sigue sin ser reconocido por la mitad del planeta (entre ellos cinco estados de la UE, incluida España).

Durante tres décadas el paradigma discursivo se centraba en la democratización, el reconocimiento de las víctimas de los años 90 y en confrontar los nacionalismos étnicos con una propuesta liberal. La política podía manejarse en las artes de los intereses personales, las ambiciones y las negociaciones fuera de los focos, pero existía un tipo de mensaje vinculado al europeísmo y al respeto a los derechos humanos que era de común acuerdo en Washington y Bruselas.

Esto era lo que provocaba que Milorad Dodik, líder serbo-bosnio y presidente de la entidad bosnia de la República Srpska, pareciera un apestado del espacio europeísta, entre otros motivos por su eurocriticismo, además de su apoyo y cercanía a Vladimir Putin durante la guerra en Ucrania. Pero fuera sancionado (también su familia y allegados políticos) durante la Administración de Joseph Biden por sus amenazas a la soberanía territorial bosnia.

El lobby estadounidense

Washington ya no sigue la línea occidentalista de entonces, vive un repliegue respecto a Europa y se plantea un escenario internacional movido por una agenda unilateralista y multipolar al margen de los antiguos consensos de después de la II Guerra Mundial y que primaron, sobre todo, durante el intervencionismo humanitario de los 90 en los Balcanes.

La nueva política estadounidense ha significado la ruptura de ese planteamiento civilizatorio en favor de una política de egos y transaccionismo. En este marco se explica que Dodik haya logrado retirar las sanciones que pesaban sobre él en octubre de 2025 y aspire a mantener su condición de hegemon de la política en la República Srpska.

Cuando Trump llega al poder, Rudy Giuliani (exalcalde de Nueva York) lo hacía a la República Srpska (en febrero de 2025), y Dodik contrata la firma de lobby de Rod Blagojević, un político estadounidense de origen serbio, ex-gobernador del estado de Illinois, que fue condenado por corrupción y más tarde indultado por Trump, y que ha visitado Banja Luka en diversas ocasiones.

La clase política bosnia ha contado todos estos años con apoyo de la UE, de la OTAN y de EE.UU. para mantener la soberanía territorial del país, pero los términos de estas relaciones diplomáticas se están desmoronando.

El partido de Dodik (SNSD) transigió con ciertas medidas a nivel de estado (sobre todo en relación a la defensa nacional del Ejército bosnio) y retiró diversas leyes de desconexión (declaradas inconstitucionales), así como Dodik renunció a concurrir a las elecciones en la República Srpska.

Sin embargo, lejos de aminorarse, desde el levantamiento de las sanciones, ha escalado en su discurso secesionista y transmite un mensaje donde pesa la defensa de la cristiandad en confrontación con la población bosníaca, a los que no denomina “bosnios”, sino “musulmanes” o “balije” (forma despectiva).

Hace poco estuvo en Washington acompañado por Željka Cvijanović, miembro serbio de la presidencia de Bosnia y Herzegovina, y se fotografió con Blagojević y diferentes congresistas estadounidenses. El objetivo era ganar influencia en el entorno de la Casa Blanca.

Los partidos bosnios, que afrontan unas elecciones claves en octubre de 2026, carecen ahora mismo de esa influencia política y la presencia de Dodik en EE.UU. es un duro golpe a su credibilidad.

El riesgo de una independencia de la República Srpska no parece en la agenda inmediata, pero el posicionamiento de Dodik anticipa la continuidad de un estado bosnio disfuncional y sometido a una retórica peligrosa que se alinea con el trumpismo.

¿Y Bruselas?

Bruselas se encuentra con un disenso geoestratégico hacia la región, condicionado por la alianza conservadora entre países como Eslovaquia, Hungría y Serbia o la falta de determinación de los países miembros respecto a la ampliación europea, ante otras prioridades (como por ejemplo la situación en Ucrania).

Durante las manifestaciones del último año, reprimidas por el Gobierno serbio, apenas el Parlamento europeo ha criticado sin medias tintas los abusos de las autoridades, y Belgrado hace una semana aprobaba una ley judicial contraria al acervo comunitario. La oposición serbia se encuentra desafecta de una posición más crítica por parte de Bruselas y apenas se han visto banderas europeístas durante las protestas.

La clase política balcánica se siente más a gusto en el decisionismo político inspirado por Trump que en las formas colegiadas de las cumbres europeístas. Hemos visto como dos líderes de gobiernos de izquierdas se han plegado a la política de EE.UU.: la presidenta de Kosovo, Vjosa Osmani, busca congraciarse con Trump o el primer ministro albanés, Edi Rama, tiende la mano a Benjamin Netanyahu en una reciente visita diplomática a Israel. Por otro lado, el liderazgo conservador croata desde Zagreb también busca una relación preferente que le permita rentabilizar la llegada de gas licuado de EE.UU. a través del puerto de Krk o seguir siendo influyente en la comunidad bosnio-croata, cuyo líder aspira a crear una tercera entidad.

El tablero internacional está cambiando sus reglas del juego y EE.UU. ha impuesto un nuevo paradigma que está pillando a la UE en la región con el pie cambiado, donde la moral adquiere un lugar secundario, y el dinero y los intereses están conquistando el momento político.

 

Miguel Roán

 

 

 

 

 

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