El memorándum de los estudiantes: ¿más de lo mismo?

El memorándum de los estudiantes sobre Kosovo: ¿más de lo mismo?

El memorándum de los estudiantes sobre Kosovo: ¿más de lo mismo? El movimiento estudiantil serbio publicó un memorándum en el que defiende que Kosovo sigue siendo una parte esencial e irrenunciable de Serbia, tanto en términos territoriales como identitarios. El texto apuesta por mantener las negociaciones internacionales, pero sin reconocer la independencia de Kosovo ni plantear concesiones concretas.

Este 17 de mayo, el colectivo representativo de los estudiantes se reunió en Kragujevac para hacer pública su posición sobre Kosovo. Desde noviembre de 2024, este movimiento ha impulsado un ciclo de movilizaciones contra el Gobierno de Aleksandar Vučić.

El documento es relevante porque la cuestión de Kosovo ocupa un lugar central en el imaginario nacional serbio. Además, la utilización de la palabra «memorándum» recuerda al publicado en 1986, donde se expresan algunas de las causas del nacionalismo serbio que marcaron el escenario político de finales de los 80 y principios de los 90.

La batalla de Kosovo de 1389, convertida con el tiempo en un mito fundacional de la memoria histórica serbia, sigue siendo una referencia decisiva en la construcción de esa identidad. Más recientemente, el conflicto entre Belgrado y Kosovo se convirtió en uno de los episodios más importantes de la desintegración yugoslava y sigue siendo uno de los principales obstáculos para la normalización regional y para el avance europeo de ambas partes tras los bombardeos de la OTAN a Yugoslavia. Casi dos décadas después de la declaración unilateral de independencia de 2008, Serbia continúa sin reconocer a Kosovo.

Desde las crisis yugoslavas, la defensa de Kosovo dentro del marco nacional serbio ha sido un elemento central del discurso político y de la identidad colectiva, por lo que sigue siendo un asunto especialmente sensible también para la nueva generación política. Todos los movimientos opositores de la última década han sido conscientes de que posicionarse sobre Kosovo tiene implicaciones no solo internas y regionales, sino también geopolíticas. Rusia, por ejemplo, ha respaldado de forma sostenida la posición serbia mediante su no reconocimiento de Kosovo y su apoyo diplomático en foros internacionales.

La posición de los estudiantes

Una de las cuestiones todavía abiertas desde el inicio de las protestas era cuál sería la posición de los estudiantes sobre Kosovo. Aunque no cuentan con una estructura partidista propia, se han convertido en uno de los actores políticos más relevantes del país.

El memorándum, reproducido más abajo, se divide en cuatro puntos.

En el primero, se afirma que Kosovo y Metohija (la denominación empleada por el Estado serbio y cargada además de resonancias históricas, religiosas y políticas) es una “parte inalienable e integral” de Serbia, y que “la preservación del orden constitucional de Serbia en el territorio de Kosovo y Metohija es la base de la supervivencia del Estado serbio y la garantía de una paz justa en la región”. Sin embargo, en la práctica, Belgrado no ejerce control efectivo sobre la mayor parte del territorio de Kosovo, administrado desde Pristina por las autoridades kosovares. Al mismo tiempo, Serbia ha continuado funcionando como Estado independiente tras la separación de Montenegro en 2006.

En el segundo punto, el texto sostiene que Kosovo “no es solo un espacio: es un componente de la identidad nacional serbia”. Esta afirmación refleja una percepción ampliamente extendida en la sociedad serbia, aunque, como todo elemento identitario, depende de procesos históricos de construcción, transmisión y autopercepción colectiva. No se trata, por tanto, de una realidad inmutable. El memorándum refuerza esa dimensión mediante una retórica abiertamente simbólica y sacralizada: presenta a Kosovo como guardián de valores sagrados y evoca las iglesias de Prizren, los pórticos de Peć, el oro de Banjska y las bóvedas de Gračanica como emblemas de continuidad espiritual, cultural e histórica.

En el tercer punto, los estudiantes sostienen que el problema no puede resolverse en el “aislamiento”, sino dentro de las estructuras de la “comunidad internacional”, aunque también dentro del marco constitucional serbio, que sigue considerando a Kosovo y Metohija parte integrante de Serbia.

El memorándum defiende asimismo una negociación que respete el derecho internacional y que “garantice la paz, la seguridad y la plena protección de los derechos para el pueblo que vive en este territorio”.

Aquí aparece uno de los principales límites del texto. Cualquier solución de fondo exigiría, previsiblemente, una revisión constitucional en Serbia, dado que el preámbulo y el articulado de la Constitución sigue definiendo a Kosovo y Metohija como parte integrante del Estado serbio. Un cambio de ese calibre requeriría una amplia mayoría parlamentaria y probablemente también un referéndum.

En su defecto, se debería buscar (proponer) algún tipo de malabarismo legal y semántico que permitiera la normalización y reciprocidad diplomática entre Kosovo y Serbia como vecinos y países reconocidos por Naciones Unidas, sin que Kosovo dejara de ser parte reconocida del patrimonio identitario serbio y esto tuviera alguna reinterpretación y encaje constitucional.

El texto evita sugerir nada al respecto. El problema que resuena es que más del 90% de la población kosovar (de origen albanés) no quiere ser gobernada desde Belgrado; además, hay la incompatibilidad entre las constituciones serbia y kosovar.

El memorándum pasa por alto que Serbia ya participa desde hace años en un proceso de diálogo con Kosovo. La opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia de 2010 concluyó que la declaración unilateral de independencia de 2008 no violó el derecho internacional general, lo que no aprueba legalmente la independencia, pero supuso que Serbia se sumara a un nuevo marco negociador, del que nunca se ha retirado.

Posteriormente se desarrolló el diálogo facilitado por la Unión Europea, con hitos como el Acuerdo de Bruselas de 2013, los acuerdos técnicos y sectoriales de los años siguientes y, más recientemente, el acuerdo y su anexo de implementación alcanzados en Ohrid en 2023. Incluso en 2018 se llegó a un acuerdo definitivo, rechazado por la geopolítica occidental, porque implicaba un intercambio de territorios.

Aunque ha habido contactos y negociaciones desde antes, no puede decirse que las partes hayan alcanzado una solución consensuada. En los últimos años, Aleksandar Vučić y Albin Kurti han sido incapaces de traducir ese marco negociador en avances duraderos, por una combinación de falta de incentivos, costes políticos internos, escasa prioridad geopolítica y desconfianza mutua. El problema, por tanto, no es la inexistencia de un marco de negociación, sino la ausencia de voluntad o capacidad para asumir sus costes.

Desde esa perspectiva, el memorándum no introduce ningún elemento verdaderamente transformador. Más allá de una apelación genérica al diálogo, evita reconocer explícitamente a la otra parte como interlocutor político en pie de igualdad y no menciona la necesidad de cesiones mutuas, condición indispensable en cualquier proceso real de normalización.

El cuarto punto presenta la defensa de Kosovo como una “cualidad esencial” de quienes son artífices de la historia y la cultura serbias, así como una “lucha por nuestro honor, nuestra cultura y nuestro futuro en la familia de los pueblos iguales del mundo”. Se trata, en esencia, de una llamada a la unidad estudiantil sobre bases morales, emocionales e identitarias vinculadas a la defensa de la soberanía serbia sobre Kosovo. Tanto en este apartado como en el segundo predominan claramente los elementos simbólicos sobre los prácticos o programáticos.

Conclusiones

De la lectura del memorándum se desprende que no hay una posición verdaderamente innovadora respecto al escenario actual. Puede percibirse una voluntad de encontrar una solución, pero esta aparece formulada sin anclajes realistas ni propuestas concretas. Precisamente por esa ambigüedad, el texto puede seguir siendo respaldado por sectores con posiciones antagónicas, tanto favorables como contrarias al reconocimiento de Kosovo.

En ese sentido, el documento representa una oportunidad perdida para articular una visión más pragmática y reconciliadora. Refleja con claridad el peso histórico, emocional e identitario que Kosovo sigue teniendo para una parte importante de la sociedad serbia, pero evita afrontar las contradicciones entre ese imaginario nacional y la realidad política consolidada desde finales de los años noventa.

Más que abrir un nuevo horizonte político al del Gobierno actual, reproduce los límites tradicionales del debate serbio sobre Kosovo: apelaciones morales e históricas sin una propuesta concreta o renuncias parciales para desbloquear un conflicto cuya resolución exigiría reconocimiento mutuo, cesiones recíprocas y una redefinición del interés colectivo en ambas sociedades. La política permite multitud de soluciones creativas cuando hay voluntad de acuerdo.

Creo que existe un espacio de evaluación y crítica entre simpatizar con la causa estudiantil e identificar que en este memorándum no se va más allá de realidades confirmadas y asentadas tiempo atrás. Como siempre, hay que felicitarse de que garantizar la paz siga rigiendo las relaciones entre Belgrado y Pristina, aunque no haya acuerdo, ni parezca que haya perspectiva del mismo.

 

Miguel Roán

 

Foto de portada: Jovana photo.

 

El memorándum

Memorándum sobre Kosovo y Metohija. Nosotros, los estudiantes de Serbia, reunidos en Kragujevac, la primera capital de la Serbia moderna y el centro del pensamiento estatal serbio, conscientes de nuestra responsabilidad personal y colectiva y de la deuda histórica hacia nuestros antepasados y descendientes, hemos adoptado este Memorándum como expresión de una voluntad unificada.

1. Kosovo y Metojia son partes inalienables e integrantes de la República de Serbia Esta realidad no es solo una categoría constitucional, sino un imperativo histórico y moral que no está sujeto a negociaciones sobre su esencia. La preservación del orden constitucional de Serbia en el territorio de Kosovo y Metojia es la base de la supervivencia del Estado serbio y la garantía de una paz justa en la región.

2. Kosovo y Metojia no son solo un espacio: son un componente de la identidad nacional serbia. Como la ciudad en la que se fundó la estatalidad serbia moderna, Kragujevac tiene el deber de ser el guardián de los valores sagrados que surgieron en Kosovo y Metojia, no solo en el campo de batalla empapado de sangre, sino también en el horizonte espiritual desde el cual aún hoy nos iluminan las iglesias de Prizren, los pórticos de Peć, el oro de Banjska y los pilares de las bóvedas de Gračanica. Sin Kosovo y Metojia, nuestro código cultural e histórico pierde su fuente y su sentido.

3. Como pueblo maduro e histórico, somos conscientes de que la cuestión de Kosovo y Metojia no puede resolverse en aislamiento, sino exclusivamente dentro de los complejos flujos de la comunidad internacional. Serbia debe participar activamente y de manera constructiva con todas las organizaciones internacionales relevantes, reconociéndolas como socios indispensables en la búsqueda de la solución más adecuada y sostenible dentro del marco de su Constitución. Nuestro objetivo es un modelo que, respetando consecuentemente el derecho internacional, garantice la paz, la seguridad y la plena protección de los derechos para el pueblo que vive en este territorio.

4. La cuestión de Kosovo y Metojia concierne a cada ciudadano de este país. Nuestra conexión con la provincia sureña no surge exclusivamente de la cualidad de poseedores de un pasaporte de la República de Serbia, sino de la cualidad esencial de artífices de la historia y la cultura serbia. Cada individuo, como portador de la memoria colectiva, tiene el deber de contribuir a la preservación de esta herencia espiritual y cultural, que trasciende las fronteras de los documentos administrativos. Este Memorándum sirve como recordatorio de que nuestra lucha por Kosovo y Metojia es al mismo tiempo una lucha por nuestro honor, nuestra cultura y nuestro futuro en la familia de los pueblos iguales del mundo. Desde este lugar, desde el corazón de Šumadija, proclamamos que la preservación de Kosovo y Metojia es el denominador común de todos nuestros esfuerzos.

 

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