Maja Vasiljević: «Lo exótico para mí es algo que no se quiere conocer»

 

Rumbo al Este comienza una nueva temporada en Radio Clásica desde este miércoles a las 17 horas. Maja Vasiljević se ha convertido en la voz anfitriona de la música balcánica en la radio en español. Sus programas repletos de descubrimientos musicales mezclan poesía, literatura, historia y las novedades del momento, para acercarnos el mundo balcánico y más allá.

Para muchos apasionados de la música balcánica y del Este europeo eres la voz referente en la radio. ¿Pero cómo llegaste a las emisoras?

Gracias por calificar mi trabajo como referente de algo. Cuando empecé a escribir los guiones y a presentar la música del Este y alrededores, sinceramente jamás pude soñar que con el tiempo lograría reunir a un público tan amplio, variado y fiel, además de curioso, generoso y abierto de miras. Ni siquiera era plenamente consciente de ello hasta mi vuelta a Radio Clásica https://www.rtve.es/radio/radioclasica/en la Temporada 2017/2018. Con la comunicación a través de la tecnología, que casi todos maldecimos, pero a la que todos al final recurrimos, empezaron a llegarme decenas de emails de oyentes que me contaban que habían echado de menos el programa en los cuatro años de mi ausencia de las ondas y que no habían encontrado nada parecido en ese periodo. De pronto me di cuenta de que las semillas que yo trataba de sembrar a mi manera en los programas de radio tenían un público ávido de escuchar a través de las ventanas que se les abrían y mirar en las direcciones en las que yo insistía en apuntar a través de mi trabajo.

Empecé en Radio Clásica en el año 2009. El programa “Solo Canciones”, que daba a conocer músicas vocales de múltiples procedencias echaba en falta una voz del “este”. La invitación para hacer una prueba de voz y guion me llegó a través de mi profesor de piano de entonces, a quien, a su vez, le llegó esa demanda a través de una persona que había trabajado en Radio Clásica. Pareciera que hubiera un cartel de “se busca” con mi cara, pero no como forajida, sino como comunicadora. Aunque debo confesar que un poco forajida sí me siento, hablando en general. Después continué en Radio 3 con “El Este” https://www.rtve.es/alacarta/audios/el-este/, que dejó de emitirse en enero de 2013. Esa partida, que se produjo debido al absoluto desconocimiento y desinterés por mi trabajo por parte de la dirección de la emisora, supuso un desgarro interior y un largo duelo posterior. De manera que, cuando en 2017, el equipo directivo y de contenidos de Radio Clásica, compuesto por Carlos Sandúa y Sergio Pagán, aceptó mi propuesta de proyecto ‘Rumbo al Este’, fue como una vuelta natural al lugar en el que se gestó lo que sospecho será el trabajo central de mi vida, siga o no en la radio.

Maja, en Vrnjačka Banja, en 1970, con traje típico serbio

En tus retransmisiones se aprecia un trabajo muy cuidado. Se nota que hay poesía y literatura, trabajo de investigación y un hilo temático. ¿Cuál es tu mecánica de trabajo para prepararte cada programa? ¿Dónde encuentras la inspiración?

La inspiración está en todas partes. Escucho música muchas horas al día y siempre con unos buenos auriculares cerrados puestos. Suelo comenzar a configurar el programa por la música, pero muy frecuentemente construyo también a partir de lo que leo, reflexiono o recuerdo. Igual que la música, me inspiran las vidas de los personajes históricos y contemporáneos vinculados a la creación, la poesía, las leyendas, los idiomas, los lazos que existieron entre los pueblos en la antigüedad o no hace tanto. La poesía es, aparte de la música, el arte en el que más fácilmente me reconozco, por eso mis programas a menudo la contienen. Al fin y al cabo, la poesía y la música están estrechamente ligadas. Ambas están hechas del ritmo, la melodía y la armonía, y reflejan los estados de ánimo, la intimidad del creador, en los que nos proyectamos y reconocemos. Por otra parte, trato de encontrar un equilibrio entre permitir que el oyente disfrute de la música pura, la voz, los sonidos de los instrumentos, las lenguas desconocidas y, por el otro lado, ofrecerle de vez en cuando la traducción de la letra o simplemente transmitirle mi lectura de la poesía que ayude a crear un ambiente propicio para que cada uno se refugie en un lugar sagrado dentro de sí mismo. Además, igual que tú con tu escritura, Miguel, trato de luchar contra los estereotipos y los prejuicios. Por eso hago una labor de investigación continua y una búsqueda incesante, casi obsesiva.  Se puede decir que jamás dejo de pensar en el programa. Invierto mucha energía y mucho tiempo para que los programas no sean repetitivos. De tanto en tanto me gusta arriesgar. Trato de sorprenderme para poder sorprender y acompañar al oyente. Se puede decir que la inspiración me encuentra trabajando a todas horas. Muchas más de las que se supondrían necesarias para un programa semanal de tan solo una hora de duración.

Hay una paradoja con la música balcánica. Mantiene esa reputación de exotismo, cuando a nivel europeo pocas cosas nos parecen ya exóticas, pero en cambio es una mágnífica representación de influencias musicales europeas. Todos sus géneros evolucionan, las starogradske pesme, las sevdalinkas, el rock o el rap, pero tenemos una imagen de cultura estática.  ¿Qué nos puedes contar sobre esto?

Para mí, lo exótico es algo que no se quiere conocer.  Lo que ocurre con lo “exótico” es que se mantiene en el lugar del tópico. A quienes siguen viendo los Balcanes como “algo exótico”, sospecho que no les interesa sacudirse y ventilar un poco sus ideas preconcebidas que, curiosamente, suelen ser negativas.

Los Balcanes, desgraciadamente, casi nunca son noticia salvo cuando dan titulares escabrosos y sensacionalistas. Hace poco me preguntó un periodista alemán, ¿por qué poner la mirada en los Balcanes cuando tienen “tan mala imagen”? ¿Te imaginas mi estupor? Respondí tan contundente y airadamente que cortó esa parte de la entrevista. Me censuró. En fin, mostró la actitud de prepotencia de quien considera los Balcanes el eterno patio trasero de Europa. Nada se puede hacer con esas mentalidades prejuiciosas. En realidad, la imagen siempre depende de quien mira, no del objeto mirado. A quienes la imagen de los Balcanes les resulta estática, les diría que miren de nuevo y que miren bien. Los Balcanes poseen bellezas naturales que cortan la respiración, gastronomía peculiar y rica como pocas, esa gente llena de simpatía y hospitalaria con el extranjero, en fin, todo eso que vosotros en ’Balcanismos’ sabéis bien.

La alquimia musical que siempre se dio y sigue dándose en el suelo balcánico es difícilmente igualable. La lista de los pueblos y culturas que con su presencia fertilizaron aquellos lares es interminable y convierte su música un mundo sonoro enormemente atractivo por su diversidad. Las fronteras culturales han sido y son muy permeables en los Balcanes. Y que conste que en absoluto estoy hablando únicamente de los países de la antigua Yugoslavia.

En cuanto a la constante evolución de la mayoría de los estilos que planteas tan certeramente: la música evoluciona porque tiene un lugar central, identificatorio en la vida sentimental de la gente. No es tan solo un ruido que sale gracias a los algoritmos de alguna plataforma de reproducción digital, ni tampoco es algo que se “consume”: es algo que se vive. Es esa vivencia de la música lo que la hace transformarse y crecer siempre, aunque hablemos incluso de estilos de hace cientos de años. Por eso la creación fluye. La creación libre es la única posible respuesta a la barbarie. Y hoy de barbarie andamos bien servidos en todas partes. Después de las guerras de los 90 del siglo pasado en la antigua Yugoslavia, e incluso durante, la creación jamás paró y cuando pasaron unos pocos años, de nuevo casi todos los artistas eran bienvenidos en todas partes. La creatividad y el sentido del humor de los que la gente de los Balcanes habitualmente hacemos gala nos han sacado de más de un abismo.

Y, por último, no me gusta hablar en términos de marketing, cuando hablamos de la cultura. No utilizo palabras como “imagen”, “marca” o “consumo”. Hay que cambiar la manera de vivir la cultura. Propia y ajena. El cambio empieza por el lenguaje.

Tu podcast se escucha por todo el mundo ¿Cuál es tu diagnóstico después de tantos años promoviendo la cultura balcánica? ¿A qué crees que se debe este aumento del interés?

¡Cierto! Gracias a la magnífica plataforma de RTVE A La Carta, https://www.rtve.es/alacarta/audios/rumbo-al-este/tengo el privilegio de llegar a oyentes hispanoparlantes y a estudiantes del idioma español en todo el mundo. Ahora ya me he acostumbrado, pero al principio me veía un poco abrumada cuando empezaron a llegar cartas e emails, primero de toda España y en seguida de México, Uruguay, Argentina, Chile, Colombia, EEUU, así como Italia, Bélgica, Francia, Bosnia, Serbia, Líbano, Siria, Turquía y hasta de Australia y China. Algunos ya eran balcanófilos empedernidos y muy bien informados, otros, tan solo gente con curiosidad intelectual y cultural, deseosa de descubrir qué había detrás de esta región, que después de las guerras de la antigua Yugoslavia, cayó (una vez más) en el olvido. Conociendo la diversidad de mis oyentes, no creo que haya un único motivo determinante por el que el ‘Rumbo al Este’ se escuche con igual pasión y entrañable fidelidad en todo el mundo. Creo que las culturas de los Balcanes ganan cada vez más adeptos porque son verdaderamente intrigantes, ricas, llenas de historias humanas en la que todos nos reconocemos. Además, en aquellas tierras hay un talento musical descomunal, están los ritmos que te atrapan y no te sueltan, unas voces que te dejan arrobado y preso de su belleza para siempre…todo eso ofrece la música los Balcanes. Cualquier amante de la música que celebre y respete la diversidad de la creatividad humana y se acerque a la región con la mente y los oídos abiertos, queda perdidamente enamorado.

Por otra parte, como bien sabes, en el programa ‘Rumbo al Este’ no me limito únicamente a la música balcánica. En él encuentran su lugar también los amantes de las músicas del Mediterráneo, Oriente Medio, El Cáucaso, Persia, Asia Central… Pronto lograré casi completar la vuelta al mundo, yendo de una cultura musical a otra. Por si todo esto pareciera poco, también pongo foco en la música litúrgica de diversas tradiciones, música clásica desde la antigua hasta la contemporánea y como no, el jazz. Así, nos escuchan oyentes que simplemente buscan descubrir culturas para ellos desconocidas, o público que huye de los ruidosos circuitos comerciales, que necesita un espacio donde se habla sin prisas y se desvelan o recuerdan sonidos, instrumentos, melodías, historias, idiomas y voces que les enriquecen. Todo ello, salvo alguna excepción, arrinconado en un mercado ciego a la belleza y que oblitera la diversidad, otorgando carta de existencia sólo a los que mueven cifras millonarias.

Una escena típica de una kafana es ver a padres e hijos disfrutando de una misma melodía en una especie de catarsis nostálgica. Para los que no conozcan este sentimiento a través de la música, qué podrías contarles.

Sí, es una especie de catarsis nostálgico-melancólica eterna y que yo creo no acabará jamás. Desde fuera no sé muy bien como se recibe ese espectáculo. Si hay mucha rakija o pivo de por medio puede llegar a ser abrumador para alguien que lo presencia por primera vez. ¡Después, muy pronto, lo abducimos! Yo misma me transformo nada más pisar una kafana, que por cierto no ocurre desde hace demasiado tiempo. Esa música en vivo me inocula el bichito de la nostalgia imperecedera. En las sociedades balcánicas, la música tradicional, el folclore, están muy presentes en el día a día en gran medida a través de la radio pública, precisamente. Escuchamos esas canciones desde muy, muy pequeños, vemos a nuestros padres y sus amigos emocionarse con esas melodías e historias, esos ritmos que se te instalan en el cuerpo para siempre. Eso nos deja una marca indeleble. Pasada la adolescencia, cuando todos los jóvenes buscan separarse de los padres y forman sus gustos musicales modernos junto a la “tribu” de su elección, algunos de repente descubren que aquellas canciones “de siempre” no sólo les tocan en lo más hondo de su ser, sino que se las saben todas y que les encanta entregarse a sus sones y sus letras con sus amigos, pero también con sus padres, madres, abuelas y abuelos. Y, ojo, en la escuela empezamos o al menos empezábamos) más o menos por Monteverdi y Buxtehude, igual que en el resto de Europa. Mis primeros amores, gracias a la educación musical en primaria, fueron, Bach, Beethoven, Verdi y Stravinski.

Algunos, como es mi caso, no tuvimos mucho que descubrir pasada la adolescencia, simplemente porque nunca habíamos abandonado esas huellas y sabíamos (aunque de manera inconsciente) que esas músicas forman un vínculo muy potente con la tierra. No tenemos escapatoria, ni tampoco la buscamos.

Si yo te digo estos nombres, qué reflexiones se te vienen a la cabeza: los Hermanos Teofilović, Merima Ključo, Miroslav Tadić, Bojan Zulfikarpašić, Tamara Obrovac, Amira Medunjanin, Teososii Spasov, Derya Türkan, Peyo Peev, Miloš Milivojevic, Vrelo, Ivo Papasov, Martin Bunea, Bilja Krstić, Divahana…

Es imposible responder uno por uno y no repetirse o cometer alguna injusticia. Dado que me has ofrecido un amplio elenco de primeras figuras, te diré que todos y cada uno son distintos pero que todos y todas sin excepción poseen una formación y un gusto impecables, un empuje y una ética de trabajo envidiables, un talento apabullante -que ya mencioné antes-, además de una creatividad desbordante, y generosidad y pasión a raudales. Los he presentado prácticamente a todas y todos a los oyentes de ‘Rumbo al Este’ en Radio Clásica. La gran mayoría tiene, además, una calidad humana fuera de serie. ¿Se puede pedir más?

Imagínate que te encuentras con alguien que no sabe de música balcánica, qué le recomendarías para levantarse por la mañana, para relajarse, para pasar una buena noche de fiesta y para superar alguna pena.

Para levantarse por la mañana: Bojana Nikolić & Srpski Glasovi, Bilja Krstić & Orkestar Bistrik, o Maria Tănase.

Para relajarse: Merima Ključo & Miroslav Tadić (proyecto ARITMIA), Elina Duni, Tamara Obrovac, Božo Vrećo (álbum MOJ SEVDAH), Divna Ljubojević o Stelios Petrakis.

Ya fuera de los Balcanes: la libanesa Rima Khcheich o la iraní Mahsa Vahdat, el napolitano Roberto Murolo o el palestino Trio Joubran.

Para pasar una buena noche de fiesta: Ivo Papassov Wedding Band, Esma Redžepova, PAPRIKA, La Orquesta de Boban y Marko Marković, Divahana, Vrelo, She’koyokh o Taraf de Haïdouks.

Para superar alguna pena: en general todo el repertorio de las sevdalinke y también Ljiljana Petrović Buttler, Cune Gojković, Šaban Bajramović, Zaim Imamović, Boki Milosević, Olivera Marković, Çiğdem Aslan, Yurdal Tockan, Gabi Lunca…

De nuevo, para los que buscan más allá de los Balcanes: la kurda Aynur Doğan, la siria Dima Orsho, el iraní Kayhan Kalhor, el sirio Kinan Azmeh, la china Wu Man, la española Cristina Pato o The Silk Road Ensemble.

Maja con She’koyokh

Eres asesora artística del Festival Morgenland, un año difícil debido a la pandemia. ¿Cuáles son tus impresiones de esta experiencia?

Sí, este año, el fatídico 2020, soy asesora artística y co-comisaria del 16º Morgenland Festival en Osnabrück, Alemania, cuya presente edición está dedicada a la música de los Balcanes. Haber sido elegida para el puesto de co-comisaria en este preciadísimo festival para mí rozaba el milagro. ‘Morgenland’ ha sido mi festival fetiche desde hace años. Me parecía la encarnación en escena de lo que yo trataba de conseguir con ‘Rumbo al Este. El nivel de calidad artística es de los más exigentes de Europa. Por allí han pasado, y vuelven cada vez que se los llama, los más grandes de los grandes: Jivan Gasparyan, Alim Qasimov, Kayhan Kalhor, Aynur, Taksim Trio, Dima Orsho, Kinan Azmeh, Maqam Ensemble, Ensemble Hewar, Tony Overwater o varios integrantes de The Silk Road Ensemble de YO-YO MA y tantos otros. El Festival ha formado una orquesta de cámara: Morgenland Chamber Orchestra, y también Morgenland All Star Band. Las estrellas del festival imparten formación en Morgenland Campus en el que la matrícula y el alojamiento son gratuitos para jóvenes músicos de todo el mundo. Y tienen otras muchas iniciativas más, humanitarias y musicales que sería imposible detallar aquí. Basta sólo bucear en sus archivos: https://www.morgenland-festival.com/home.html

Permíteme describir el Festival en sí para vuestros lectores con un poco más de detalle, porque creo que es reconfortante saber que todavía existen lugares de ilusión y esperanza, donde la música, los artistas y el público se respetan y se miman. El exquisito equipo organizador, capitaneado por un profesional y un ser humano fuera de serie, el director de Morgenland Festival, Michael Dreyer, se desvive y pelea sin desmayo, tanto para poder acoger a los músicos en las mejores condiciones posibles, como para ofrecer a los amantes de la música lo más granado de la escena musical mundial todos y cada uno de los años. Y ya llevan 16.

En 2019, con ocasión del 15º aniversario, me invitaron como espectadora y me reafirmé en mi sentimiento de admiración. El ambiente del Festival era algo que no conocía in situ y que inmediatamente me atrapó sin remedio. Está organizado de tal manera que todos los músicos, invitados y el staff, en suma, todos los que participamos activamente en el evento, pasamos horas y horas juntos a lo largo del día. De esa convivencia, salen colaboraciones musicales nuevas, que sorprenden y conmocionan, porque los músicos tienen espacio para reunirse y charlar sin prisa, para escucharse y hacer jam sessions. Dado que vienen de diversas partes del mundo, de otra forma sus caminos difícilmente se cruzarían. Y no sólo los músicos, todos los participantes convivimos, comemos y cenamos en el mismo lugar y se forma una atmósfera de acogimiento, de causa común, que es, obviamente, la música. Estar comiendo un cuscús junto a una leyenda viva de la talla de Alim Qasimov y charlar con él después de presenciar sin limite de acceso su ensayo, para mí fue más que un simple lujo, fue una de las experiencias que con más cariño guardo entre mis recuerdos.

Es interesante saber también cómo se gestó la edición #BalkansBeyondBrass. Conocía a Michael Dreyer, a través de su excepcional y valiente discográfica ‘Dreyer Gaido Musikproduktionen https://www.dreyer-gaido.de/index.php/en/,  que ha colaborado conmigo y con Rumbo al Este muy generosamente, como ningún otro sello discográfico.

Un día en Berlín, al final de una larga charla, le pregunté “¿por qué siempre pasas de largo cuando llegas a los Balcanes?” Dreyer me frunció el ceño y debo decir que le leí el pensamiento instantáneamente. Me atreví a decirle: “no imagines la música balcánica sólo como el delirio de metales de las películas de los últimos decenios”. Y me sorprendió diciéndome inmediatamente: “De acuerdo, convénceme, hazme tus propuestas.” Acepte sin pensármelo, evidentemente. En pocos días decidimos que la edición de Morgenland número 16 la llamaríamos #BalkansBeyondBrass (los Balcanes más allá de los metales).

El laborioso proceso de selección y composición del programa empezó en septiembre de 2019. Teníamos casi todo listo, faltaban los últimos retoques de agenda, cuando a principios de marzo de 2020, Dreyer me llamó después de una reunión con el Ayuntamiento de Osnabrück y los patrocinadores. “No habrá Morgenland este año”, me dijo. Omitiré aquí el relato de lo que este anuncio me produjo. Tan solo cinco días más tarde, sin embargo, me volvió a llamar para anunciarme que sacaríamos una versión más corta, online y 100% gratuita para los espectadores a través de YouTube: https://www.youtube.com/user/morgenlandfestival

No pensaba que fuera posible. Se habían retirado muchos patrocinadores o habían reducido la cuantía de su contribución significativamente. No obstante, todos los músicos cobraron sus honorarios íntegros, igual que los colaboradores. Se hicieron unos conciertos que quedan para los restos, Merima Ključo y Jelena Milušić, Bojana Nikolić & Srpski Glasovi, Savina Yannatou & Primavera en Salonico, Amira Medunjanin, Nedyalko Nedyalkov, Bora Dugić, Gyula Csik, Divna Ljubojević & Coro Melòdi. Todos dieron lo mejor que tenían que dar de sí mismos en medio de un trance que dejó por un momento petrificado y sin habla a medio planeta. Pero, los verdaderos artistas son gente absolutamente entregada a su arte por encima de todo y no escatiman sufrimientos ni esfuerzos para comunicarse con su público. Tuvimos cerca de 40.000 espectadores, que no pagaron ni un céntimo por disfrutar y seguir disfrutando, sin límite de número de reproducciones, de estos irrepetibles conciertos.

Ahora estamos cruzando los dedos para que esta “pandemonia” no nos estropee la edición LIVE en Osnabrück en diciembre 2020.  Nos queda mucha música que vivir: música de los Balcanes que vitaliza y deja una sensación de esperanza, de seductora melancolía, así como de alegría con la que alimentarnos el espíritu.

 

Rumbo al Este comienza una nueva temporada en Radio Clásica. ¿Nos gustaría saber qué novedades tienes en mente?

‘Rumbo al Este’, como sabes, no está apegado a la actualidad. Para ello necesitaría un equipo de al menos dos personas más y algo de presupuesto asignado. Sin embargo, no estar atado a la actualidad le concede al programa gran amplitud y posibilidades infinitas. Ahora bien, como a todo el mundo, a mí también me gusta estrenar novedades y si es en exclusiva, mejor. Para ello es imprescindible cruzarse decenas, por no decir cientos emails cada temporada, pidiendo a los sellos y a los artistas mismos que me manden su material y sus novedades. Obtengo reacciones más entusiastas de los artistas que de los sellos, todo hay que decirlo.

Como respuesta directa a tu pregunta, te desvelaré solo unas pocas joyitas bien custodiadas: el programa que abre la cuarta temporada de ‘Rumbo al Este’ en Radio Clásica y que, por cierto, estrena horario y sintonía, se emitirá el miércoles 07 de octubre a las 17.00, hora peninsular española. En él presento el último disco de la iraní Mahsa Vahdat, “Enlighten the Night” (Kirkelig Kulturverksted, 2020). Después, tengo varias deudas en las que incurrí por culpa de la pandemia y que saldaré esta temporada. En primer lugar, está el último álbum de Damir Imamović, “Singer of Tales” (Wrasse Records, 2020). Después un retrato que tengo ganas de hacer de la versátil y prolífica arpista turca, Şirin Pancaroğlu. Los Hermanos Teofilović todavía no han sonado en Radio Clásica y eso hay que remediarlo esta temporada. Y, ya veremos qué más va surgiendo. Voy bastante al día, dada la dificultad de obtener material y porque trabajo sola (igual que, todo hay que decirlo, la gran mayoría de mis compañeros). Estad todos muy atentos a las emisiones y los podcasts.

Maja con Kinan Azmeh y Linda Alahmad

 

Podemos seguir a Maja a través del podcast de la emisora en Radio Clásica, su blog personal, y twitter @400Latidos. También recordaros los podcast de su antiguo programa musical «El Este».

 

 

 

Balcanismos

BALCANISMOS es una plataforma para la divulgación del ocio, la información y el conocimiento de la región balcánica.

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.