Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek: «queríamos que el público pudiera disfrutar de una literatura excepcional»

Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek: «queríamos que el público pudiera disfrutar de una literatura excepcional»

Luis Fernanda Garrido es traductora y directora del Instituto Cervantes de Toulouse, y Tihomir Pištelek es traductor. Ambos lo son del serbio, croata, bosnio y montenegrino al español. Nos han acercado a escritores de la talla de Ivo Andrić, Miroslav Krleža, Mirko Kovač, Danilo Kiš, Aleksandar Tišma, Dubravka Ugrešić, Miljenko Jergović o Robert Perišić. Una lista extensísima que abrió una oferta imprescindible para los amantes de la región y de la literatura. Balcanismos les entrevista para conocer más sobre su trayectoria, vicisitudes y metodología de trabajo. 

1.- Sus comienzos profesionales coincidieron con una época en la que la literatura de la antigua Yugoslavia era prácticamente desconocida para el público español. ¿Cómo lograron abrirse paso en el ámbito editorial y convencer a las editoriales de apostar por autores balcánicos complejos, muchas veces difíciles de clasificar comercialmente?

Quizá eran tiempos en los que la calidad era muy importante. También importaba lo comercial, por supuesto, pero digamos que la calidad del escritor y la obra se abrían paso incluso en un segmento comercial. No había ventas millonarias, pero sí había muchos lectores que querían descubrir nuevos horizontes diferentes, nuevas voces y nuevas vidas. Y sobre todo lo que nosotros queríamos era que el público que leía en español pudiera disfrutar de una literatura excepcional que hasta ese momento casi le estaba vedada. Creemos que nuestro entusiasmo contribuyó mucho al interés por la literatura del este de Europa en general porque poco a poco las editoriales empezaron a publicar autores de allí.

2.- Han traducido escritores de estilos muy distintos —desde la densidad intelectual de Danilo Kiš hasta la ironía amarga de Dubravka Ugrešić—. ¿Qué tipo de voz literaria sienten más cercana a su sensibilidad como traductores y cuál les ha exigido un mayor esfuerzo creativo o emocional?

Nos sentimos cercanos a la voz de casi todos los autores que hemos traducido. Diríamos que lo que más nos ha exigido un esfuerzo emocional son temáticas. Con novelas de Tišma, El kapo, por ejemplo, acabamos exhaustos por la dureza del tema, sin embargo, con El uso del hombre, pese a la dureza, la belleza de la obra nos conmovió mucho. Los años de bronce, de Slobodan Šnajder exigió un gran esfuerzo de documentación, pero obtuvimos la recompensa, pues es una novela que colma todas las expectativas, aunque en exigencias de documentación creemos que se lleva la palma Lección de anatomía, de Danilo Kiš. Y qué decir de Ivo Andrić, o de la pluma cargada de ironía de Robert Perisić, y, por supuesto, de la dificultad que supuso acercarnos a la voz de Miroslav Krleža para traducir Al filo de la razón, con los pasajes en dialecto kaikavo. En realidad, todos los autores exigen un esfuerzo creativo y emocional, sin ese esfuerzo creemos que sería difícil traducir. Nos implicamos a fondo en cualquier traducción para conseguir la mayor calidad posible, y en esa implicación siempre está la parte emocional humana de la que la IA carece, y se nota mucho.

Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek: "queríamos que el público pudiera disfrutar de una literatura excepcional"3.- Traducir desde lenguas con fuertes cargas históricas y culturales implica enfrentarse a términos, referencias y matices casi intraducibles. ¿Recuerdan alguna decisión especialmente difícil en la que tuvieran que elegir entre fidelidad literal y resonancia literaria en español? ¿Cómo resolvieron ese conflicto?

Ese tipo de decisiones surge en cada libro, y supongo que en casi todos los idiomas se produce. Uno los libros más difíciles en este sentido fue Plegaria en el asedio de Damir Ovčina. Para empezar, el título. El original, Kad sam bio hodža, Cuando fui hodža, no tenía eco en el mercado español. Hodža, significa sacerdote, imán, o señor o maestro como término relacionado con el sufismo. Así que con los editores barajamos otras posibilidades hasta dar con la que nos pareció más adecuada y que conservaba el toque religioso del original —ese gesto repetido por el que el muchacho reza una plegaria por los cadáveres que le mandan enterrar—, a la par que esa resonancia literaria, pues el asedio de Sarajevo sí era conocido. Cuando tradujeron el libro en italiano, decidieron adoptar el título que le habíamos dado nosotros, pues el mercado italiano tenía el mismo problema. Pero además del título, la novela está llena de referencias culturales de la antigua Yugoslavia, que las jóvenes generaciones ya casi no identifican. Por ejemplo, los nombres y alias de los jugadores de baloncesto, poemas alusivos a la lucha partisana, nombres de chocolatinas, bebidas, grupos de música. Todo ello lo fuimos tratando uno por uno, para crear la atmósfera y dotarlo del mismo color local o cultural del original a la vez que hacíamos que fuera comprensible para el lector español. Otro caso y otro libro son las fórmulas de cuento que utiliza Dubravka Ugrešić en la novela Baba yagá puso un huevo. Como tú dices, había que conseguir mantener la idea original, la fidelidad, y que al mismo tiempo rimara y sonara a dicho, a estribillo o fórmula de cuento, en español. Le dedicamos mucho tiempo a cada uno de ellos, haciendo muchas búsquedas, probando diccionarios inversos de rimas, buscando refranes o dichos que pudieran acercarse y que pudieran servirnos de base. Lo cierto es que fue un trabajo muy divertido, y nos reímos muchísimo haciéndolo y comparando las versiones que habíamos propuesto cada uno, para afinar y dar con la adecuada.

Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek: "queríamos que el público pudiera disfrutar de una literatura excepcional"Lo que hay que tener en cuenta en general es que la mención de una comida, de una canción o de una costumbre cotidiana puede introducir un simple matiz ambiental. El lector percibe que se encuentra en un determinado contexto cultural que no es el suyo, algo cercano a lo que los formalistas rusos llamaban «extrañamiento», pero eso no afecta a su comprensión del argumento, no depende de ello. La tarea del traductor consiste precisamente en distinguir entre ambos casos: entre aquellos elementos culturales que son fundamentales para la representación de una sociedad y aquellos que cumplen una función evocadora. Explicar los primeros puede resultar necesario; explicar sistemáticamente los segundos corre el riesgo de sobrecargar el texto y de convertir en información explícita lo que en el original permanece como parte natural del paisaje narrativo.

4.- En una carrera tan extensa seguramente también hubo proyectos frustrados, traducciones rechazadas o autores que no encontraron recepción. ¿Existe alguna obra por la que hayan apostado personalmente y que, pese a su valor literario, sintieran que pasó desapercibida injustamente?

Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek: "queríamos que el público pudiera disfrutar de una literatura excepcional"Sí, hay algunas obras que han pasado desapercibidas, no sé si justa o injustamente, pero sí nos da pena. Por ejemplo, El jardinero de Sarajevo, de Miljenko Jergović, fue una de las primeras traducciones que firmamos los dos juntos, y es una recopilación de relatos duros aunque preciosos, y lo mismo pasa con El cementerio de los reyes menores, de Zoran Malkoč, un libro sobrecogedor, pero necesario por muchas razones, y por citar uno más, La otra Venecia, de Predrag Matvejević. Con lo fundamental que fue Matvejević para el Mediterráneo, es una pena que un libro tan original y hermoso haya quedado en la sombra.

5.- Su trabajo conjunto resulta especialmente interesante porque la traducción literaria suele imaginarse como una labor solitaria. ¿Cómo es realmente su metodología de trabajo en pareja? ¿Discuten mucho las decisiones estilísticas o con los años han desarrollado una especie de «instinto compartido» para traducir?

Cuando uno de los dos tiene una duda, la debatimos, exponemos cada punto de vista y no continuamos hasta que no resolvemos la duda a satisfacción de los dos. Eso hace que invirtamos muchísimo tiempo en las correcciones, pero siempre es un tiempo que merece la pena. No, no hemos desarrollado un “instinto compartido”, la traducción resultante de nuestro trabajo es el conjunto de distintas formas de encararlo, de conjugar literalidad con comprensión lectora, fidelidad al texto con flexibilidad lingüística y muchos otros detalles que nos hacen debatir hasta por una coma.

6.- Han recibido importantes reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional a la Mejor Traducción. Mirando atrás, ¿qué consideran hoy un verdadero éxito: los premios y el reconocimiento institucional, o la posibilidad de haber construido un puente duradero entre dos tradiciones literarias tan distintas?

Cuando empezamos a traducir, los dos estábamos de acuerdo en que uno de nuestros objetivos era lograr que el público que lee en español pudiera tener a su alcance escritores con los que nosotros habíamos disfrutado tanto de la lectura, queríamos poder hablar de estas lecturas con nuestros amigos hispanohablantes, y creemos que ese objetivo lo hemos cumplido. De modo que nos parece igual de importante el reconocimiento institucional y el reconocimiento de los lectores; es muy bonito y nos sentimos muy orgullosos de haber contribuido a ese puente y de haber abierto horizontes a lectores y a escritores.

Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek: "queríamos que el público pudiera disfrutar de una literatura excepcional"7.- Después de décadas dedicados a traducir literatura balcánica, deben haber acumulado historias extraordinarias relacionadas con autores, manuscritos o encuentros personales. ¿Podrían compartir alguna anécdota poco conocida —quizá divertida, tensa o inesperada— que refleje la dimensión humana detrás del oficio de traducir?

Con cada libro hay una o varias anécdotas, unas son divertidas, otras nos arrancan rayos y truenos… Por ejemplo, cuando tradujimos Breviario mediterráneo, el autor, Predrag Matvejević, decidió añadir algunos pasajes y cambiar otros, así que fuimos traduciendo sobre la marcha, mientras él reescribía, fue interesante pero laborioso, porque a veces, él era una suerte de Penélope que deshacía durante la noche lo que hacía por la mañana. Así que cada mañana nos despertábamos impacientes por saber si nuestro tejido del día anterior aún sobrevivía. Esa es la razón de que la traducción al español del Breviario sea un poco diferente a la de otras lenguas y a la primera traducción que salió del libro. O cuando traducíamos Los años de bronce, de Slobodan Šnajder, descubrimos a la mitad del libro que habíamos estado traduciendo de un PDF borrador, que no era el libro publicado. Y tuvimos que empezar de nuevo. Entre las divertidas, podemos mencionar cuando nos reunimos con Robert Perišić para intentar solucionar algunas dudas de la novela El último artefacto socialista, además de las dudas, fuimos desgranando con él pasajes del libro que nos parecían muy brillantes, y nos reímos mucho al escuchar de dónde había obtenido la inspiración de algunos. Y una muy particular se dio también con la traducción de Plegaria en el asedio. Para meternos en materia recurrimos a mapas históricos de Sarajevo anteriores a la guerra, ya que tras la liberación muchos nombres de calles y lugares se modificaron. Asimismo, utilizamos cartografía de la UNPROFOR que obtuvimos gracias a amigos periodistas que informaban desde Sarajevo durante el conflicto.

Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek: "queríamos que el público pudiera disfrutar de una literatura excepcional"Todo ello nos sirvió para reconstruir los desplazamientos del protagonista por Grbavica, Dobrinja y otros puntos de la ciudad sitiada. En ese momento, vivíamos en Praga, y teníamos la suerte de tener un espacio amplio en casa donde desplegamos todos los mapas, como si fuera un cuarto de crisis. Este trabajo de documentación nos permitió comprender la geografía real sobre la que se construye la novela y seguir unos itinerarios que el autor presupone conocidos para el lector local. Los mapas no se utilizaron para añadir información al texto, sino para mejorar nuestra comprensión de la obra y garantizar una traducción más precisa y coherente.

Tenemos muchas más anécdotas, en realidad, darían para un libro solo de anécdotas. Estamos convencidos de que todos los traductores podrían escribir un libro así.

 

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