Los otros búlgaros: una mirada a los pomacos desde los Ródopes. Los pomacos son una comunidad eslava de religión musulmana que habita en los montes Ródopes, principalmente en Bulgaria y Grecia. A lo largo del siglo XX, sufrieron políticas de asimilación forzada, especialmente bajo el régimen comunista. Pese a la represión y el exilio, han conservado elementos culturales y religiosos propios. Hoy representan un ejemplo de resistencia silenciosa y convivencia en los Balcanes.
En la región búlgara de los Ródopes, donde las montañas se extienden entre nieblas espesas, bosques profundos y aldeas que parecen paradas en el tiempo, habita un pueblo que despierta la curiosidad de aquellos que amamos los Balcanes: los pomacos.
Aunque su origen ha sido motivo de debate, en la actualidad se acepta mayoritariamente que se trata de un grupo eslavo de religión musulmana. Debido a su fe islámica, a menudo se les ha confundido (o directamente mezclado) con los pueblos turcos, pero su identidad es distinta, forjada en comunidades apartadas, con una religiosidad discreta y un fuerte sentido de pertenencia local.
Ni son turcos, ni hablan una lengua túrquica: su idioma es el búlgaro, con rasgos dialectales propios del suroeste del país. Algunos los conocen como българи мохамедани (búlgaros mahometanos), una etiqueta ambigua que sigue generando controversia y que busca encajarlos en una narrativa nacional que pocas veces ha sabido reconocer su singularidad.
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Los pomacos en Bulgaria y Grecia: distribución y conflictos identitarios
Actualmente, se estima que hay entre 150.000 y 250.000 pomacos en la nación balcánica, aunque también existen pequeñas comunidades al otro lado de la frontera, en la vecina Grecia.
Sus principales núcleos están en las provincias búlgaras de Smolyan, Blagoevgrad y Pazardzhik. En valles como el del río Mesta, es frecuente encontrar pueblos cristianos, como Kovachevitsa o Leshten, situados muy cerca (al menos desde el punto de vista geográfico) de aldeas musulmanas como Ribnovo o Brezhnitsa.
Las diferencias religiosas están presentes, pero también lo está una larga tradición de coexistencia pacífica, algo no tan habitual en la historia de la región.

Asimilación forzada y represión cultural
A pesar de esta aparente armonía, la historia de los pomacos está marcada por una serie de intentos de asimilación forzada. En el siglo XIX, el nacionalismo búlgaro los veía como una anomalía dentro del proyecto de construcción de una nación cristiana-ortodoxa: una especie de aberración que hablaba en búlgaro, usaba nombres turcos y rezaba mirando hacia La Meca.
Ya en el siglo XX, la presión aumentó después de la Segunda Guerra Mundial, y especialmente durante el régimen comunista. El llamado Proceso de Renacimiento (Възродителен процес) fue uno de los capítulos más oscuros de su historia reciente: Todor Zhivkov lanzó una campaña sistemática para borrar cualquier rastro de islam en estas comunidades, cambiando los nombres turco-musulmanes por otros búlgaros, prohibiendo trajes tradicionales e imponiendo una identidad nacional única.
De pronto, Ali o Ayşe pasaron a llamarse Iván o María. No aceptar la norma suponía el exilio.
Uno de los momentos más traumáticos fue la llamada Gran Excursión (Голямата екскурзия) de 1989, cuando más de 300.000 musulmanes que se negaron a aceptar la nueva ley (la mayoría turcos, pero también muchos pomacos) fueron forzados a exiliarse en Turquía, en lo que fue una de las mayores expulsiones de población en Europa después de 1945.
Representación en el cine búlgaro
El cine búlgaro ha abordado este conflicto identitario en al menos dos películas clave.
Гори, гори, огънче (1994) cuenta la historia de una joven maestra enviada a un remoto pueblo pomaco de los Ródopes durante los años 80. Allí, descubre un mundo rural oprimido y comprende que vive entre montañas que, lejos de ofrecer libertad, funcionan como muros invisibles de un encierro por parte de las autoridades comunistas.
Por otro lado, Откраднати очи (2005) narra el encuentro amoroso entre una profesora musulmana, que intenta sabotear el proceso de cambio de nombres, y un funcionario cristiano que debe decidir entre cumplir órdenes o proteger a su amada. El amor que surge entre ellos choca frontalmente con el clima represivo.
Ambas películas, desde perspectivas distintas, retratan con bastante sensibilidad la tensión entre la lucha por la identidad y el afecto entre personas.

El legado de los pomacos tras la Gran Excursión
Muchos de los expulsados durante la Gran Excursión jamás regresaron a territorio búlgaro tras el colapso del sistema comunista. Otros sí lo hicieron, aunque no todos recuperaron sus propiedades ni sus derechos.
Hoy en día, miles de descendientes que viven en Turquía conservan el pasaporte búlgaro, recuerdan el idioma y acuden en época electoral a votar de forma masiva por el DPS, partido considerado afín a las comunidades romaní y musulmana.
Esta participación genera un intenso debate en Bulgaria: para algunos búlgaros, se trata de ciudadanos, originariamente compatriotas, a pesar de no pertenecer a la religión mayoritaria, que ejercen su libertad política tras haber sido privados de sus libertades y obligados a exiliarse; para otros, son votantes «importados», cuya lealtad al país es discutible.
Una vez más, en los Balcanes, las divisiones no se reducen a lo religioso o lo étnico, sino que se extienden a lo político y a lo simbólico.
Integración, mestizaje e identidad cultural
A pesar de todo esto, se podría decir que los pomacos de los Ródopes, en general, están bien integrados en la sociedad búlgara. De hecho, identificar a alguien como «pomaco puro» puede suponer una tarea difícil.
A lo largo del tiempo, ha habido mestizaje con comunidades turcas y, en menor medida, con cristianos búlgaros. La inmensa mayoría ha ido adoptando elementos culturales búlgaros, bien sea por necesidad, por afinidad o por presión.
El sentimiento de pertenencia nacional está muy presente en las regiones donde habitan, aunque conservan nombres musulmanes y algunas prácticas culturales que los conectan, de alguna forma, con el mundo oriental.

Tradición, modernidad y vida comunitaria
Muchos también han tomado elementos turcos, aunque más por proximidad y aislamiento que por identidad real. Además, la emigración y el contacto con el exterior han dado lugar a una identidad más difusa, a medio camino entre la tradición y la modernidad.
Algunos rezan de forma ocasional, pero consumen alcohol, al mismo tiempo manteniendo vivas algunas tradiciones islámicas, como la circuncisión. Esta tradición, conocida como сюнет (del turco sünet), continúa siendo de vital importancia en la vida del pomaco y se celebra de forma colectiva en espacios abiertos.
Las bodas, especialmente en Ribnovo, son un auténtico espectáculo de tradición: las novias son decoradas con pintura blanca, lentejuelas y flores, y las celebraciones duran varios días, entre cantos, banquetes y ritos que combinan lo religioso y lo ancestral.
Durante estas fiestas, también se interpretan canciones tradicionales en dialecto local, manteniendo viva una rica memoria oral. En lugares como Varbina, aún se conservan oficios como el tejido de alfombras, bordados y otros productos artesanales realizados con técnicas transmitidas desde tiempos de los antiguos tracios.

Un pueblo fascinante y resistente
Sin lugar a duda, los pomacos son, ante todo, un pueblo fascinante. El viajero que visite los confines de Bulgaria descubrirá rápidamente que se trata de gente tremendamente hospitalaria, profundamente conectada a su tierra y a su comunidad, y que han sabido conservar su legado pese a siglos de invisibilidad en el plano nacional.
En una región como los Balcanes, donde las diferencias han sido fuente de conflicto de manera incesante, Bulgaria demuestra que es posible convivir, mantener una fe sin imponerla y afirmar una identidad sin necesidad de excluir a nadie.
En este sentido, la historia de los pomacos, lejos de ser simplemente un relato de víctimas, es también un ejemplo de resistencia tranquila, de dignidad cultural y de convivencia silenciosa.
Por eso mismo, merecen más que nunca un lugar en la memoria colectiva de los pueblos balcánicos.
Estudios Eslavos – Universidad de Salamanca
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