Bitola: la ciudad de los cónsules

Bitola: la ciudad de los cónsules

Bitola, la ciudad de los consules, era una importante capital otomana. Hoy conserva, dentro de Macedonia del Norte, el legado histórico de romanos, cristianos, otomanos, ortodoxos y judíos. Con su propia idiosincracia, es un destino idóneo para conocer la historia de los Balcanes.

El nombre

Es hora de adentrarse con fuerza en Bitola, importante capital provincial durante el Imperio otomano.

Aunque en esa época, esta coqueta ciudad se llamaba Manastir, pero los macedonios, la mayoría, prefieren tirar del término “Obitele”, cuyo significado en eslavo se asemeja al de “monasterio”, reflejando la importancia que aquí tuvo el cristianismo antes y durante el Medievo.

Según destaca el profesor Nikola V. Dimitrov en el informe Bitola: destination for cultural tourism, Bitola contaba con decenas de monasterios e iglesias, muchas de las cuales sucumbieron a las guerras o fueron reconvertidas en mezquitas por los otomanos.

En la actualidad, hay 22 iglesias ortodoxas, diez mezquitas, una catedral católica y una iglesia evangelista.

Destacan dos centros de culto ortodoxo del siglo XIX: la iglesia de San Demetrio, y cerca del bazar, aunque en la otra orilla del río Dragor, la iglesia de Santa María, conocida por sus frescos rescatados en la I GM de iglesias de Trnovo y Magarevo, aldeas que rodean el Parque Nacional Pelister.

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Puente sobre el río Dragor

El centro histórico

Además, los más de 500 años de presencia otomana se evidencian sobre todo en el centro histórico de la ciudad.

El reconocido viajero del siglo XVII Evliya Çelebi reflejó en sus libros que la zona contaba con 70 mezquitas y un bazar de 900 tiendas. Aún es posible visitar el bullicioso bazar (Stara Çarsija), con esas callejuelas de antiguos edificios que comienzan tras cruzar el río Dragor, y el bazar cubierto (Bezisten).

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Antiguo bazar de Bitola

También acudir a las cuatro mezquitas del siglo XVI, la de Ishak Çelebi, la Yeni, la de Haydar Kadi y la de Haci Mahmut. De esta solo queda en pie la fachada y que está rodeada de tiendas y cafés que le roban su espacio interior.

E ir de compras a un supermercado del bulevar Filipo II de Macedonia que tiene una fachada que correspondía a un hamam otomano. Además, a diferencia de la mayoría de macedonios, los bitolinos aún utilizan la palabra turca “çakmak” para pedir un mechero.

A primera vista, Bitola brilla por sus edificios de estilo neoclásico de la calle Sirok y por la decena de consulados aún presentes en la ciudad. El más destacado es el de Rusia, en la plaza Magnolia, y da cuenta de la importancia diplomática que Bitola tuvo durante el Imperio otomano.

La ciudad

En la actualidad, se ha convertido en una ciudad de 74.000 habitantes en la que los griegos se arreglan los dientes y apuestan en los casinos. Sintomático de la degradación es que el Club de Fútbol Pelister fondee en la segunda división.

En la calle Sirok, la arteria peatonal más importante de Bitola, apenas hay tiendas de ropa de marca. Sin embargo, está atestada de restaurantes: en los Balcanes existe pasión por la comida.

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La calle Sirok: principal vía de Bitola

Si acompaña el tiempo, es complicado encontrar sitio en las terrazas, orientadas para observar a los viandantes.

En broma, los macedonios dicen de los bitolinos que les gusta aparentar, mostrarse sin interactuar. También en clave de humor les llaman -y se llaman- “kabadaya”, que es la persona que quiere dirigir cualquier acción, la que sabe mejor que nadie la solución a cada problema. Por eso, bromean los macedonios de otras regiones, los bitolinos nunca pueden ponerse de acuerdo en nada.

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El final de esta bulliciosa calle conecta con el Parque de la Ciudad, que durante las noches de verano es una amalgama social: bitolinos que hacen deporte, enamorados y enamoradas que regresan de un paseo, jóvenes que hacen botellón, y los habituales clientes que abarrotan los puestos de carne a la parrilla.

Al final del Parque de la Ciudad, cuyo paseo está jalonado por bustos en recuerdo a mártires macedonios, está la carretera que conduce a Grecia. En una estrecha vía, tras pasar el cementerio, aparece uno de los principales reclamos turísticos de Bitola: la histórica ciudad de Heraclea Lyncestis.

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Ruinas de Heraclea

Los expertos no coinciden en estipular el rey que mandó edificarla, si fue en el siglo IV a. C. Filipo II, padre de Alejandro Magno, o Filipo V en el siglo II a. C., aunque es indudable que Heraclea vivió su época dorada durante la ocupación del Imperio romano, que tenía en esta ciudad un punto crucial de la Vía Egnatia. Entre otras edificaciones, los romanos legaron el anfiteatro y las termas.

La entrada cuesta poco más de 2 euros, una ganga para quienes disfruten de este tipo de excursiones, y servirá para entender la importancia religiosa que tuvo Heraclea.

«Hay tres basílicas y una residencia episcopal. El mosaico de la principal basílica es una de las piezas maestras de los primeros pasos del cristianismo en los Balcanes», recuerda Fasti Online, publicación ligada a la Asociación para la Arqueología Clásica.

Sin embargo, las indicaciones en Heraclea son escuetas, insuficientes para entender el significado completo de esta histórica ciudad que comenzó su decadencia con la llegada de ávaros y eslavos. Fue entonces cuando comenzó el florecer de Bitola.

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La arqueología de la ciudad

Las extremas condiciones climáticas, con esos gélidos inviernos locales, han provocado el deterioro de Heraclea.

Piezas y bustos de esa época se encuentran en el Museo de Bitola, que cuenta con una planta y dos áreas divididas. Una para la historia de Macedonia y otra dedicada a Mustafa Kemal Atatürk, quien fundó la República de Turquía en 1923 y que antes, en 1899, completó la Escuela Superior Militar en este edificio que hoy es museo.

El Museo de Bitola.
El Museo de Bitola. Sala dedicada al arte religioso

Atraídos por la leyenda de Atatürk, la mayoría de los turistas que acuden son turcos que se hacen fotos de forma constante, dedican frases en un libro y leen la carta de amor de Eleni Karinte.

En la otra sala, dedicada a Macedonia, las primeras muestras de arte son del periodo Neolítico. Luego aparece Heraclea.

Rápidamente, saltándose los siglos de tradición otomana, comienzan los cuadros que recuerdan los levantamientos de Ilinden, en 1903, y figuras revolucionarias como Gotse Delçev.

En la siguiente sala hay pinturas religiosas ortodoxas del siglo XVIII como la de “La Virgen con Jesucristo”, de autor desconocido y que fue recuperada de la iglesia de San Elías, en la vecina Velushina.

En el último espacio, que es un pasillo que conduce a la salida, esperan las demoledoras guerras del siglo XX, la lucha contra los fascismos y los héroes de la patria macedonia.

Con el triunfo de Yugoslavia se termina el recorrido histórico, sin referencias a la independencia de Macedonia en 1991.

La importancia de Bitola

Debido a su posición geoestratégica, Bitola fue una de las ciudades más importantes de los Balcanes hasta principios del siglo XX.

En 1905 su importancia superaba las esferas económica y militar: los hermanos Manaki rodaron aquí la primera película hecha en los Balcanes.

Pero luego llegaron décadas de guerra que la relegaron a un segundo lugar que tal vez no merezca.

Muestra de esa oscura época son los cementerios en recuerdo a los judíos asesinados. También a los miles de soldados franceses caídos en la I GM. Un memorial que además cuenta con instantáneas de los Manaki.

A dos horas en autobús de la turística Ohrid, siempre es una buena opción acercase a Bitola. En un día de frenesí da para entender muchos de sus encantos. Con más de tiempo es posible perder la noción en esta abrupta y orgullosa región del suroeste de Macedonia del Norte.

 

Miguel Fernández Ibáñez

 

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